
A los nenes chiquitos se les suelen leer cuentos escritos con una finalidad determinada, por ejemplo, dejar los pañales (Federico tiene pis de Graciela Montes) o no temer a la oscuridad (Aventura en la oscuridad de la colección “Chiquilines” de Sigmar). Cité dos ejemplos de cuentos bien escritos, pero hay cientos que tratan estos temas de pésima calidad literaria. De todas maneras, por bien escritos que estén, están más cercanos a la autoayuda que a la literatura, puesto que su objetivo no es contar una buena historia sino que son libros escritos “para otra cosa”.
Luego están en los cuentos en los cuales el protagonista es un niño de la época actual, que va al jardín, que cumple años, que tiene hermanitos, que se va de vacaciones a la playa, etc. Estos cuentos, que reflejan la vida cotidiana del lector, entrarían dentro de la categoría de “literatura espejo”. Por ejemplo, toda la serie de Tomasito de Graciela Cabal, la cual está muy bien hecha y a los chiquitos les encanta.
Muchas madres, y especialmente muchas maestras jardineras, sólo les leen a los chicos cuentos de estas categorías, dejando de lado todos los cuentos tradicionales y los modernos que tengan algún elemento que pueda provocar ansiedad o temor en los niños.
Ahora me pregunto y les pregunto: ¿qué nos gusta más leer como adultos: ¿una novela en la cual el protagonista vaya y venga del trabajo, cene con su familia y mire la tele, u otra en la que le pasen cosas extraordinarias, que se enfrente a algún peligro, que luche por su salvación?
Una obra literaria debe tener personajes buenos y personajes malos, debe haber un conflicto, el lector tiene que emocionarse, asustarse, meterse en la piel del héroe, gozar y sufrir junto a él…
La literatura infantil no es un medio de educar a los niños, es LITERATURA, con mayúscula y sin adjetivos.
Propuesta de hoy, para los más chiquitos: Cocorico de Marisa Nuñez y Helga Bansh, OQO Editora.
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